miércoles, marzo 28, 2007

Carlo Giuliani

Este es Carlo Giuliani.

Este es Carlo Giuliani.


Estos fueron sus asesinos.


Mirando orgullosos la presa cazada.



Precio alto pagó Carlo por no ser un dócil estudiante, por no ser un subcontratado, por no tener una hipoteca con un banco hasta los 60 años... precio alto pagó pero también fue alto lo que alcanzó en este sangriento intercambio: ser un hombre, sólo eso. Así de caro le salió. Llegará un día en el que la Libertad sea algo más que una palabra que se use para ocupar países, algo más de un incremento salarial o algo más que dos o tres días de vacaciones extra. Cuando llegue ese día Carlo Giuliani ocupará un puesto entre los que se quedaron en el camino hacia esa meta. Llegará.

Más información del asesinato en:

- Montaje fotográfico de lo que pasó.

-
Carlo Giuliani en Wikipedia.

- Artículo de Mumia Abu Jamal sobre el crimen.

- Otro artículo fotográfico.


Sé feliz

viernes, marzo 23, 2007

El entente sionista y los derechos humanos

Esta noticia ha sido extraida íntegra de la edición digital de El Pais en esta dirección el pasado día 22 de Marzo:

"La ocupación israelí de los territorios palestinos "tiene elementos de colonialismo y apartheid", ha afirmado hoy el relator especial de la ONU para los Derechos Humanos en esa zona, el surafricano John Dugard, durante la presentación de su informe anual al Consejo de Derechos Humanos (CDH) de Naciones Unidas, reunido en Ginebra.

El experto independiente ha acusado también a Israel de "mostrar poco respeto por la vida de las familias palestinas, de las que miles están separadas por las leyes israelíes".

El embajador de Israel ante la ONU, Itzhak Levanon, ha rechazado esas alegaciones y ha señalado que el informe de Dugard es "tendencioso, altamente selectivo y parcial". Según Levanon, el relator no ha tomado en cuenta para su informe las "violaciones de los derechos humanos por parte de los palestinos contra Israel y entre ellos mismos", ante lo cual Dugard ha reconocido que, aunque son asuntos que le preocupan, no forman parte de su mandato."

Otro informe internacional sobre el desprecio del entente sionista por los derechos humanos ¿Te imaginas que pasaría si este informe tuviese como protagonista a Irán, Siria o cualquier pais malo maloso que desafía a la comunidad internacional (léase EEUU y sus comparsas)? No hace falta mucha imaginación. ¿Te imaginas las sanciones internacionales o la repercusión mediática que va a tener este informe? Lo mismo que antes...

Hasta la proxima matanza

Sé feliz

Otros posts de este blog relacionados: "Qué es el sionismo (i) " y "Qué es el sionismo (ii)".

jueves, marzo 22, 2007

Sobre la poesía

En esta quinta y última parte de su obra "De lo sublime y de lo bello" Burke va a tratar de como la poesía genera en nosotros sentimientos estéticos.

Existe un prejuicio muy arraigado, según Burke, que sostiene que la poesía impresiona nuestros sentidos estéticos por que genera imágenes en nuestra mente y que estos son los que provocan en nuestro entendimiento sentimientos estéticos. Burke pone el ejemplo de poesías que basan su fuerza en su sonoridad e incluso en la descripción de sensaciones y situaciones inconcebibles ¿puede hacerse uno una idea de "virtud" o de "infinita ilimitación"? se pregunta nuestro autor. Aunque la poesía pueda provocar imágenes sensibles Burke está convencido que si de ello dependiera toda su fuerza expresiva perdería una parte muy considerable de su fuerza. La poesía, ya que no es de la recreación imitativa de donde saca su fuerza expresiva, deberá a la representación su capacidad de generar sentimientos estéticos.
Pero surge aquí un pequeño problema; como las palabras no nos afectan mediante un poder original, sino mediante la representación, podría suponerse que su influencia sobre las pasiones debería ser ligera; aunque sucede casi lo contrario; ya que la experiencia nos dice que la elocuencia y la poesía son tan capaces, o incluso más, de causar impresiones profundas y vivaces como cualquier otro arte. ¿Por qué es esto así? Según Burke existen tres motivos:

* Primero, que tomamos una parte extraordinaria de las pasiones de los demás, y que fácilmente nos afectan y conducen a la simpatía. La poesía tiene este poder en un mayor grado que las otras artes sobretodo cuando es declamada.

* Segundo, que hay muchas cosas que afectan mucho pero que no se producen en la realidad; sin embargo, en la poesía es posible representar esas cosas con bastante facilidad. Aquí se incluyen esas cosas que no se presentan en forma de sensaciones sino solo de palabras y que nos afectan mucho, ejemplos de esto son: Dios, Infierno, ángeles, Cielo, etc.

* Tercero y dependiente del anterior, mediante la palabra podemos hacer combinaciones que posiblemente no se podrían hacer de otro modo.

Con esta defensa de la poesía y de su carácter representativo antes que imaginativo termina Burke este libro imprescindible de la estética occidental.


martes, marzo 20, 2007

Sobre las causas de lo sublime y de lo bello

En esta cuarta parte de su obra "De lo sublime y de lo bello" Edmund Burke va a analizar las causas efectivas por las que nos place o deleita lo bello y lo sublime y por qué determinados rasgos en los objetos nos agradan y otros no. En primer lugar Burke reconoce que existen ciertos problemas para determinar las causas del agrado ya que en muchos objetos se produce cierta asociación que hace que el sujeto los ligue a un determinado agrado que no es necesariamente estético; por ejemplo, el oro ¿resulta bello por sí mismo o por a lo que se asocia (prestigio, fama, riqueza, etc.)? Aunque Burke reconoce este problema también admite la necesidad de considerar que existen cosas que nos hayan agradado naturalmente sin necesidad de asociación ya que la asociación debió construirse sobre algún sentimiento natural de agrado estético.

Sigue Burke definiendo las causas de los sentimientos asociados a los sentimientos estéticos: el dolor y el miedo. El dolor se produce cuando nuestro sistema nervioso constata cierto daño físico, el miedo por su parte es cuando nuestra mente presagia un dolor o incluso la muerte (en el caso de presagiar la muerte podemos decir que sentimos un miedo extremo denominado terror). Los efectos del dolor y del miedo son similares si no idénticos. Pone Burke el ejemplo de un perro que teme ser apaleado y grita o gime como si efectivamente lo estuviera siendo.

Llegados aquí recuerda el autor que lo sublime tiene su asiento en cierto sentimiento de terror por lo que cabe preguntarse ¿cómo puede algo en principio doloroso o presagio de un dolor ser causa de deleite?

Un estado de indolencia absoluta, por mucho que excite nuestra imaginación, produce tales inconvenientes y malestares que nos impulsan a actuar activando nuestras energías en algún trabajo o esfuerzo. Se me ocurre el ejemplo de los nobles de tiempos pretéritos y los ricos empresarios de los actuales que ocupan sus vidas ociosas con actividades triviales pero que precisan ejercicio físico: cacerías, gimnasios, incluso trabajos inútiles pero absorbentes; o el ejemplo de un animal enjaulado que imposibilitado para hacer ejercicio (cazar, pulular por la jungla, etc.) realiza en su prisión del zoológico movimientos repetitivos durante horas. El trabajo es necesario para el mantenimiento de nuestro cuerpo y esto muestra, a su vez, la necesidad que tiene nuestro organismo de ser ejercitado y ¿no son el dolor y el terror cierto tipo de perturbaciones de nuestro cuerpo que permiten su ejercicio? Partiendo de aquí dice Burke: "si el dolor y el terror se modifican de tal modo que no son realmente nocivos; si el dolor no conduce a la violencia, y el terror no acarrea la destrucción de la persona, en la medida en que estas emociones alejan las partes, sean finas o toscas, de un estorbo peligroso y perturbador, son capaces de producir deleite; no placer, sino una especie de horror delicioso [...] que por su pertenencia a la autoconservación, es una de las pasiones más fuertes de todas. Su objeto es lo sublime".

En las siguientes secciones el autor irlandés se pregunta la causa de que los elementos expuestos en la parte II de la obra en cuestión generan en nosotros esos sentimientos de temor que hemos asociado a lo sublime. Burke concluye que la obscuridad, la inmensidad, el poder y todos esos rasgos citados en la parte II ponen en evidencia nuestra contingencia, finitud y fragilidad... estos sentimientos no pueden más que generar temor ya que manifiestan la cercanía de lo que es más temible para cualquier hombre: la muerte.

La belleza produce, por el contrario, un sentimiento de amor y de ternura que nos induce a una sensación de dulzura y languidez. Mientras que lo sublime nos producía un estupor en nuestra mente la belleza tiende, por lo contrario, a provocarnos un dulce bienestar. La belleza produce, por lo tanto, un aquietamiento y una relajación en nuestra sensibilidad y en nuestro ánimo. De esto que los rasgos de la belleza sean los que sean: lisura, angulosidad leve y gradual, colores claros y sencillos, etc.

Con estas últimas reflexiones termina Burke la cuarta y penúltima parte de su influyente obra "De lo sublime y de lo bello".

domingo, marzo 18, 2007

La ira

"Por esta razón algunos varones sabios definieron la ira llamándola locura breve; porque, impotente como aquélla para dominarse, olvida toda conveniencia, desconoce todo afecto, es obstinada y terca en lo que se propone, sorda a los consejos de la razón, agitándose por causas vanas, inhábil para distinguir lo justo y verdadero, pareciéndose a esas ruinas que se rompen sobra aquello mismo que aplastan. Para que te convenzas de que no existe razón en aquellos a quienes domina la ira, observa sus actitudes. Porque así como la locura tiene sus señales ciertas, frente triste, andar precipitado, manos convulsas, tez cambiante, respiración anhelosa y entrecortada, así también presenta estas señales el hombre iracundo. Inflámanse sus ojos y centellean; intenso color rojo cubre su semblante, hierve la sangre en las cavidades de su corazón, tiémblanle los labios, aprieta los dientes, el cabello se levanta y eriza, su respiración es corta y ruidosa, sus coyunturas crujen y se retuercen, gime y ruge; su palabra es torpe y entrecortada, chocan frecuentemente sus manos, sus pies golpean el suelo, agítase todo su cuerpo, y cada gesto es una amenaza: así se nos presente aquel a quien hincha y descompone la ira. Imposible saber si este vicio es más detestable que deforme. Pueden ocultarse los demás, alimentarles en secreto; pero la ira se revela en el semblante, y cuanto mayor es, mejor se manifiesta. ¿No ves en todos los animales señales precursoras cuando se aprestan al combate, abandonando todos los miembros la calma de su actitud ordinaria, y exaltándose su ferocidad? El jabalí lanza espuma y aguza contra los troncos sus colmillos; el toro da cornadas al aire, y levanta arena con los pies; ruge el león; hínchase el cuello de la serpiente irritada, y el perro atacado de rabia tiene siniestro aspecto. No hay animal, por terrible y dañino que sea, que no muestre, cuando le domina la ira, mayor ferocidad."

Lucio Anneo Seneca; De la ira; link





Link al índice de "Sobre pasiones y afectos"


miércoles, marzo 14, 2007

Sobre lo bello

En esta tercera parte de su obra " De lo sublime y de lo bello" trata Burke del sentimiento de lo bello. Por belleza va a entender el autor "aquella cualidad o aquellas cualidades de los cuerpos, por las que éstos causan amor o alguna pasión parecida a él." En este punto subraya Burke la necesidad de distinguir el amor de esos otros deseos de lascivia o afán de lucro que nos llevan a desear los objetos por otras cualidades diferentes a la belleza.

Habiendo definido los conceptos básicos Burke hace un planteamiento acerca de lo bello bastante novedoso en la estética occidental. Se pregunta nuestro autor si la belleza está asociada necesariamente a la proporción o, dicho en otras palabras, si la proporción es condición sine qua non para que un objeto sea bello. En contra de la tradición platónica occidental Burke se decantará por una respuesta negativa y no sólo eso sino que llegará a decir que "el método y la exactitud [...] resultan más bien perjudiciales que beneficiosos para la causa de la belleza". Y son dos argumentos, fundamentalmente, los que esgrime el filósofo irlandés para hacer esta afirmación: en primer lugar, podemos encontrar a hombres perfectamente proporcionados que no resultan bellos y, al mismo tiempo, las flores, árboles y animales que consideramos bellos no son necesariamente proporcionados (pensemos en la cola desproporcionada del pavo real o en lo disarmonioso de la colocación de las flores en un seto natural). En segundo lugar, la proporción puede generar hastío y repetición y no hay nada más lejano a la belleza que estos sentimientos: " la belleza está lejos de pertenecer a la idea de costumbre, porque, en realidad, lo que nos afecta es extremadamente raro e inacostumbrado. Lo bello nos impresiona tanto por su novedad como por lo deforme".

La proporción no es lo fundamental en la belleza pero, admite Burke, puede aparecer en un objeto bello aunque debemos considerar que no es la medida, sino la manera general del objeto y la manera particular de esa medida las que crean toda la belleza de la forma.

Otro concepto clásico acerca de la belleza que Burke se propone desmontar es que lo bello nos resulta bello por su utilidad. Para el autor esto no es así y de hecho ocurre como con la proporción: puede ser que un objeto útil nos parezca bello pero no es por la utilidad por lo que nos parece bello sino por otros motivos. Se pregunta Burke si nos parece bella la nariz de un cerdo tan bien hecha para hollar la tierra o si nos resulta bella la azada del campesino; por el contrario ¿qué utilidad hay en una flor o en unas golondrinas? La utilidad, concluye Burke, genera aprobación y asentimiento del entendimiento pero no amor.

El último prejuicio que desbarata nuestro autor es que sostiene que la perfección es la causa de la belleza. Al igual que en los dos prejuicios anteriores (el de la proporción y el de la utilidad) la perfección puede ir asociada a la belleza pero no es una unión necesaria ni frecuente. La delicadeza y la fragilidad son los rasgos más comunes de la belleza como observamos en nuestros juicios estéticos sobre el género femenino en donde la languidez, el rubor y la blandura son los rasgos mayormente asociados a la belleza.

¿Pueden las cualidades de la mente ser bellas? Sí pero sólo si consideramos el término belleza analógicamente. Los rasgos mentales que muestran dulzura, fragilidad y nos incitan a la ternura y el amor se pueden denominar, analógicamente repito, bellos mientras que, aquellos rasgos asociados a la grandeza y al poder como la fortaleza, la firmeza o la justicia provocan una admiración temerosa que podríamos denominar sublime. Así los grandes hombres son admirados y los mediocres amados.

En cuanto a si podemos llamar bella a la virtud Burke reconoce que sería posible hacerlo de igual modo que se hace con las cualidades de la mente pero que esto no nos produciría más que confusiones entre los ámbitos de la estética y de la ética. (Confusión, digámoslo, también típicamente platónica).

Llegados a este punto y a modo de recopilación cabe preguntarse según Burke que si no es la utilidad ni la proporción ni la perfección lo que produce el sentimiento de lo bello ¿qué es? El autor responde que la belleza es alguna cualidad de los cuerpos que actúa mecánicamente sobre la mente humana mediante la intervención de los sentidos. Por lo tanto, debemos ocuparnos de cuales son estas cualidades sensibles que encontramos en los objetos bellos.

La primera cualidad es la pequeñez. Todo objeto bello aparece en términos absolutos o relativos como un objeto bello. Lo inabarcable y vasto están asociados, como vimos en un post anterior, al sentimiento de lo sublime por lo que son ajenos a la belleza. El adorno, la flor, el cachorrillo, etc. son objetos casi naturalmente bellos, de hecho el animal que al crecer nos va a parecer detestable, feo o indiferente cuando es un cachorro suele producir en nosotros esa ternura y ese amor que es síntoma de lo bello.

La segunda cualidad sensible que nuestro autor encuentra en lo bello es la lisura. Esta cualidad es incluso más esencial que la de la pequeñez llegando a decir Burke que no recuerda ningún objeto bello que no la posea. El plumaje de un ave, el cabello de un gato, un pétalo de una flor, un mar en calma o la hierba verde en un campo primaveral evocan esta cualidad de la lisura. De esto que cualquier aspereza, proyección repentina o ángulo cortante sean ajenas a la idea de lo bello en sumo grado. La cualidad de la lisura lleva asociada, lógicamente, la de la variación gradual frente a la variación brusca de los perfiles. Una paloma o el cuerpo de una mujer bella (los ejemplos son de Burke) presentan esa cualidad de variaciones graduales en sus ángulos.

Otro rasgo, independiente de los anteriores, que suele ir aparejado a la belleza es la delicadeza. El objeto bello aparece ante el espectador como un objeto delicado, los rasgos de fuerza y robustez son perjudiciales para la belleza. Burke pone como ejemplo a la naturaleza: olmos, fresnos o robles no nos mueven a la belleza sino más bien hacia la admiración; sin embargo, otro tipo de vegetales como la vid, el mirto, o el naranjo por su pequeño tamaño o su aparente fragilidad sí generan en nosotros ese sentimiento.

Mientras que los colores que apoyaban el sentimiento de lo sublime eran los colores obscuros y rotundos, los colores de la belleza son limpios y débiles como: verdes pálidos, azules claros, blancos débiles, rosas o violetas.

Tras dos escuetas secciones en las que se expone la fisonomía de la belleza el autor trata a la fealdad. Para Burke las cualidades de la fealdad son las contrarias a las cualidades de lo bello: si la belleza es lisa lo feo será áspero; si la belleza tiene ángulos sutiles la fealdad tendrá ángulos cortantes; y si, por ejemplo, la belleza posee colores suaves la fealdad los tendrá chillones y turbios. En lo único que no son contrarias la fealdad y la belleza es en la magnitud ya que lo feo aparece en objetos grandes y pequeños. Esto último hace decir a Burke que la fealdad es compatible con una idea de lo sublime aunque no identificable en sí misma; para que algo feo sea sublime debe estar unido a cualidades como las que excitan un fuerte terror.

Tras definir a la gracia como movimiento bello y a la elegancia Burke hace un análisis de lo bello en los sentidos. La lisura es no sólo una cualidad visual sino también táctil por lo que en este sentido el tacto puede ser un órgano adecuado para captar la belleza. Igualmente puede excitar la música el sentimiento de la belleza cuando está compuesta de sonidos claros, suaves y débiles; lógicamente y siguiendo todo lo expuesto anteriormente la música bella es contraria a transiciones rápidas de una medida o tono a otro.

En la sección final, la XXVII, E. Burke compara lo sublime y lo bello diciendo: "los objetos sublimes son de grandes dimensiones, y los bellos, comparativamente pequeños; la belleza debería ser lisa y pulida; lo grande, áspero y negligente; la belleza debería evitar la línea recta, aunque desviarse de ella imperceptiblemente; lo grande en muchos casos ama la línea recta, y cuando se desvía de ésta a menudo hace una fuerte desviación; la belleza no debería ser oscura; lo grande debería ser oscuro y opaco; la belleza debería ser ligera y delicada; lo grande debería ser sólido e incluso macizo. En efecto, son ideas de naturaleza muy diferente, ya que una se funda en el dolor, y la otra en el placer"

Sé feliz

Índice de trabajos sobre el libro de E. Burke "De lo sublime y de lo bello"

lunes, marzo 12, 2007

La crueldad

"No hay más que tres resortes fundamentales de las acciones humanas, y todos los motivos posibles sólo se relacionan con estos tres resortes. En primer término, el egoísmo, que quiere su propio bien y no tiene límites; después, la perversidad, que quiere el mal ajeno y llega hasta la suma crueldad, y últimamente la conmiseración, que quiere el bien del prójimo y llega hasta la generosidad, la grandeza del alma. Toda acción humana debe referirse a uno de estos tres móviles, o aun a dos a la vez.”

Arthur Schopenhauer; "Parerga y Paralipómena” en http://www.schopenhauer-web.org/citas.html




domingo, marzo 11, 2007

Sobre pasiones y afectos (more audiovisuale mostrata)

Este índice pretende ser una recopilación de los posts que han tratado diversos estados de ánimo, sentimientos o pasiones. A cada entrada le corresponde una cita que pretende explicar la emoción analizada y un video que la ilustra; podríamos decir que la cita es la parte "seria" del post y el video no tanto. Este es el índice al día de hoy:


La alegría

La crueldad

La ira

La gilipollez

[continuará...]


sábado, marzo 10, 2007

Sobre lo sublime

Este post pretende ser una reseña de la sección II del libro de Edmund Burke "De lo sublime y de lo bello".

En esta segunda parte de su libro se propone Burke comentar el sentimiento de lo sublime con sus causas, motivaciones y consecuencias. Lógicamente para entender este comentario hemos de conocer la definición que da Burke en la primera parte de su libro "De lo sublime y de lo bello".
Empieza el autor esta segunda parte exponiendo que la pasión causada por lo sublime es el asombro. El asombro se da cuando se produce lo sublime en más alto grado; los efectos inferiores son admiración, reverencia y respeto.
Analiza Burke, a continuación, el sentimiento de terror concluyendo que no hay pasión que robe tan determinantemente al animo su poder de actuar y razonar. El terror o el miedo, al ser una percepción del dolor o de la muerte, actúa de un modo que parece dolor verdadero. Esto nos lleva a concluir que todo lo que es terrible es, a la vez, sublime ya que, no podemos mirar algo peligroso como insignificante o despreciable. Esto le lleva a concluir a Burke que "el terror es en cualquier caso, de un modo más abierto y latente, el principio predominante de lo sublime".
Para que una cosa sea muy terrible, en general parece que sea la oscuridad de donde se va a seguir la importancia de ella en el sentimiento de lo sublime. La oscuridad es causa común de nuestra ignorancia de las cosas y esta nuestra ignorancia es la causa de terror y admiración. El conocimiento hace que las cosas nos afecten poco como podemos observar cuando conocemos el origen de un ruido que nos ha causado en nuestra ignorancia miedo (una puerta chirriante, el crujir de las maderas, etc.) De hecho las ideas de eternidad o infinitud se encuentran entre aquellas que más nos afectan y, realmente, no hay nada que menos conozcamos que estas dos ideas. Por esto dice Burke: "Una idea clara es, por consiguiente, otro nombre para una pequeña idea". La oscuridad y la indefinición son, por lo tanto, orígenes frecuentes de los sentimientos de temor y asombro asociado a lo sublime.
El poder como generador de miedo y de terror es también una de las fuentes de lo sublime. Un animal feroz, un rey, una tormenta o un ejército en marcha nos genera el sentimiento de lo sublime por el poder, incluso el poder que tienen de aniquilarnos, del que están investidos. Un león enano o recién nacido no nos genera ese sentimiento de lo sublime que sentimos al ver un león rugiendo en el circo, nos puede generar ese sentimiento de ternura asociado a lo bello pero nunca sublimidad.
La vastedad, es decir la grandeza, también genera el sentimiento de lo sublime y una vastedad inimaginable produce un sentimiento de lo sublime amplificado, es lo que sentimos ante la infinitud. La soledad y el silencio de un paisaje ponen en evidencia su vastedad por lo que estas privaciones (falta de sonido o de elementos) también pueden producir cuando son grandiosas el sentimiento de lo sublime. Al igual que estas privaciones la reiteración de elementos y la uniformidad potencian la percepción de la grandeza por lo que también estarán asociados a lo sublime, pensemos en la uniformidad de la construcción de un rascacielos o la reiteración de columnatas en las avenidas faraónicas y comprenderemos lo que Burke quiere decir.
La magnificencia, entendida como unión dispersa de elementos comunes, también produce lo sublime. Burke pone el ejemplo de un cielo estrellado en donde un elemento sencillo (estrellas) es repetido sin orden ni sentido preciso, casi, podríamos decir, al azar. Esta disposición azarosa de elementos repetitivos crea una atmósfera de indefinición y grandeza muy apropiada para lo sublime.
¿Qué colores potencian el sentimiento de los sublime? No podemos decir que un color per se produzca lo sublime pero si puede intensificarlo cuando acompaña a una cosa o situación grande. Derivado de lo dicho antes acerca de la oscuridad, Burke concluye que los colores más apropiados para producir lo sublime son los colores oscuros; los colores vivos y alegres no son aptos para producir lo sublime excepción hecha del color rojo (¿quizás porque va asociado al color peligroso de la sangre?). Para comprobar esto basta imaginar un lobo de color azul... ¿nos produce mayor o menor terror que la misma fiera con sus colores naturales: negro y gris? No obstante, vuelvo a subrayar que el color más que generar potencia el sentimiento de lo sublime.
En cuanto a los sonidos ¿cuáles son los que podremos asociar al sentimiento de lo sublime? Para Burke los rasgos que hacen que un sonido nos provoque este sentimiento son: brusquedad, reiteración, volumen excesivo, etc. Todos estos rasgos como se puede comprobar van en la dirección de reafirmar el carácter de imprevisivilidad y grandeza del sonido en cuestión.
Termina Burke esta parte de su libro indicando que los sentidos del olfato y el gusto participan poco del sentimiento de grandeza pero que las descripciones poéticas de olores o gustos sí pueden generar, muy débilmente, el sentimiento de lo sublime. El sentido del tacto está incluso más apartado que los del olfato y del gusto del sentimiento de lo sublime: cuando algo se presenta al tacto se presenta como cercano por lo que no puede ser sublime. Si es un peligro o dolor lo que se presenta al tacto esto generará sencillamente terror por su cercanía y si lo que se presenta no es peligroso o doloroso no puede, lógicamente, producir lo sublime.

martes, marzo 06, 2007

Indices de post sobre "De lo sublime y de lo bello" de Edmund Burke


* Reseña del libro "De lo sublime y de lo bello"

* Análisis de la sección I del libro: Sobre las emociones en general.

* Análisis de la sección II del libro: Sobre lo sublime.

* Análisis de la sección III del libro: Sobre lo bello.

* Análisis de la sección IV del libro: Sobre las causas de lo sublime y de lo bello.

* Análisis de la sección V del libro: Sobre la poesía.

Sobre las emociones del gusto en general

Este post pretende ser una reseña de la sección I del libro de Edmund Burke "De lo sublime y de lo bello".

En la Primera Parte de su obra "De lo sublime y de lo bello" trata Edmund Burke de hacer un análisis preliminar de las emociones del gusto, especialmente de las que están asociadas a las sensaciones estéticas.
En la primera sección de esta parte el autor trata de la emoción de la Curiosidad que define como el placer que se experimenta ante cualquier novedad. Este afecto es uno de los más superficiales ya que cambia continuamente de objeto y a pesar de tener un apetito muy marcado es fácil de satisfacer. Este carácter superficial hace que sea necesario cierto grado de novedad en todo lo que opera sobre nuestra mente de tal manera que la curiosidad se mezcla más o menos en todas nuestras emociones.
Pero para que algo emocione la mente del hombre hace falta algo más que la mera novedad: hace falta que ese algo esté ligado a los sentimientos del placer o dolor. Estos dos sentimientos son sentimientos positivos para Burke, es decir, que el autor irlandés se opone a la concepción del dolor como una cesación de placer. Según Burke nuestro estado natural no es de placer sino de indeferencia y el dolor, lo mismo que el placer, inducen algún movimiento positivo en nuestra sensación que genera los citados sentimientos. Tanto un sabor desagradable como uno agradable introducen sensaciones positivas, en un caso dolor y en otra placer por lo tanto, esto demostraría que dolor y placer son sentimientos positivos. Sin embargo, Burke reconoce que también se produce cierta fruición negativa en nuestra sensibilidad cuando se produce la remoción de un dolor o peligro, a esta sensación la llama deleite y es diferente al placer positivo.
Llegados a este punto dice Burke que las ideas que generan placer y dolor, y las derivadas de ambas por supuesto, son de dos tipos: las asociadas a la autoconservación y las asociadas a la sociedad. Las ideas de autoconservación son del tipo: dolor físico, placer corporal, salud, enfermedad, muerte, vida, etc. de todas estas algunas generan placer (salud, placer corporal o vida en la enumeración anterior) y otras dolor y peligro (muerte, enfermedad y dolor físico). Según Burke, y creo que esto es discutible, las pasiones de la autoconservación que más nos impresionan son las de naturaleza dolorosa y peligrosa (la muerte nos aterra más que el que nos alegra estar vivos).
Es en este momento cuando Burke define por primera vez lo sublime en su obra: el sentimiento de lo sublime procede de las ideas de dolor y peligro, es decir de todo lo que es de algún modo terrible, y por lo tanto es el sentimiento más fuerte que la mente es capaz de experimentar. Lógicamente cuando el dolor o el peligro acosan demasiado no se produce lo sublime sino sencillamente el terror; este terror sólo produce ese sentimiento delicioso de lo sublime a ciertas distancias y con ligeras modificaciones. De por qué esto es así lo explicará el autor en la parte II de la obra que estamos analizando.
En cuanto a las ideas que proceden de la sociedad pueden distinguirse dependiendo de la sociedad a la que nos refiramos en dos grandes tipos: las ideas que proceden de la sociedad de los sexos y las ideas que proceden de la sociedad en general. El deseo de unirse a cualquier individuo del sexo contrario es meramente lascivia que es lo que existe en los animales; pero en el hombre este deseo es discriminativo o en otras palabras el deseo se manifiesta más intensamente hacia ciertos sujetos del sexo opuesto que consideramos bellos. Cuando consideramos a algún sujeto bello, y no sólo a un sujeto sino también a un animal e incluso un objeto, tendemos a permanecer a su lado o a anhelar su cercanía; esto hace concluir a Burke que la belleza es un sentimiento social (ya que tiende a la unión de sujetos) y que genera, en contra de lo que hacía el sentimiento de lo sublime, la sensación de placer en el individuo.
Pero las ideas procedentes de la sociedad no eran sólo de la sociedad de los sexos sino que, como dijimos, Burke consideraba también que las ideas de la sociedad de los hombres en general también generaban sentimientos en los individuos. Los tres sentimientos fundamentales a que dan lugar estas ideas son básicamente: simpatía, imitación y ambición.
Por simpatía debe entenderse "como una especie de sustitución, por la que se nos coloca en el lugar de otro hombre, y nos vemos afectados, en muchos aspectos, al igual que él". Es este sentimiento el que explica que la contemplación, por ejemplo, de hazañas bélicas o situaciones amorosas genere en nosotros sentimientos, respectivamente, de sublimidad o belleza. Es la simpatía la que nos proporciona esas sensaciones estéticas.
La imitación, otro sentimiento asociado a la sociedad, genera por sí misma placer en el hombre. Burke no se detiene en ella ya que poco tiene que ver con los sentimientos estéticos y ya que este sentimiento natural ya fue tratado con profusión por Aristóteles en su obra Poética.
La ambición, por último, es el placer producido por la superación del prójimo. Este sentimiento social, como el anterior, sólo se asocia a la estética cuando está por medio el sentimiento de simpatía pero, por sí mismo no tiene naturaleza estética.
Con una breve recopilación en donde el autor vuelve a subrayar que la belleza genera en nosotros ternura y placer y lo sublime temor, termina este primer capítulo de la obra que estamos comentando.


domingo, marzo 04, 2007

La humildad del guerrero

“Un guerrero toma su suerte, sea la que sea, y la acepta con la máxima humildad. Se acepta con humildad así como es, no como base para lamentarse, sino como base para su lucha y su desafío.

Nos demoramos mucho para comprender eso y vivirlo por entero [...] Yo pensaba que la humildad no tenía que ver con el camino del guerrero. ¡Me equivocaba! Ahora sé que la humildad del guerrero no es la humildad del pordiosero. El guerrero no agacha la cabeza ante nadie, pero, al mismo tiempo, tampoco permite que nadie agache la cabeza ante él. En cambio, el pordiosero a la menor provocación pide piedad de rodillas y se echa al suelo a que lo pise cualquiera a quien considera más encumbrado; pero al mismo tiempo, exige que alguien más bajo que él le haga lo mismo.

[...] Yo conozco la humildad del guerrero y eso jamás me permitirá ser el amo de nadie”


Extraido de: Carlos Castaneda; Relatos de poder; "Cita con el conocimiento"


jueves, marzo 01, 2007

De lo sublime y de lo bello

Título: Indagación filosófica sobre el origen de nuestras ideas acerca de lo sublime y lo bello
Autor: Burke, Edmund [ (1729-1797) ] ; tr. Menese Gras
Publicación: Madrid . Alianza Editorial, S.A. , 02/2005
Descripción: 232 p. ; 18x11 cm
Encuadernación: rústica
Precio: 6,73 €
Colección: El libro de bolsillo , 4460 Sección Filosofía
ISBN: 84-206-5894-4

PARTES DEL LIBRO:

Estudio preliminar, por Menene Gras

Indagación filosófica sobre el origen de nuestras ideas acerca de lo sublime y de lo bello. 1756.

Introducción
Sobre el gusto (discurso preliminar)
Lo sublime y lo bello (en cinco partes)

Índice onomástico
Índice analítico


CRITICA DE LA OBRA

Edmund Burke fue un importante hombre público irlandés del siglo XVIII más famoso en el ámbito político que en el filosófico por su dura crítica a los presupuestos ideológicos de la Revolución Francesa. Sus escritos políticos tuvieron enorme difusión en la convulsa Europa de finales del XVIII y le convirtieron en un representante de la ideología conservadora y sus reflexiones sustentaron y sustentan aún hoy, en gran medida, el conservadurismo político británico moderno.

La obra que nos ocupa, que nada tiene que ver con política, trata sobre la disciplina de la estética filosófica que tanto auge tuvo en el siglo XVIII y XIX. Una de las preocupaciones fundamentales de la estética moderna, precisamente, fueron los sentimientos de lo bello y de lo sublime; tanto es así que el mismísimo Immanuel Kant en 1764 publicaría la obra "Observaciones sobre el sentimiento de lo bello y lo sublime".

Burke, siguiendo fielmente la tradición empirista anglosajona, inicia su obra con el análisis de la facultad del gusto estético que define como

" aquella facultad o aquellas facultades de la mente que se ven influenciadas por, o que forman un juicio acerca de, las obras de la imaginación y las artes elegantes"

Continúa este análisis de la facultad del gusto concluyendo que la facultad del gusto es, sino idéntica, sí enormemente parecida en todos los hombres ya que la facultad del gusto es excitada, prioritariamente por los órganos sensoriales y la imaginación y estas facultades sensoriales e imaginativas de los hombres son, esencialmente, idénticas en todos nosotros. Por esto dice:

"Entonces, en la medida en que el gusto pertenece a la imaginación, su principio es el mismo en todos los hombres; no hay ninguna diferencia en la manera en que les afecta, ni en las causas de la afección; pero, sí hay una diferencia de grado que procede principalmente de dos causas; sea de un grado mayor de sensibilidad natural, o de una atención más cercana y larga con respecto al objeto."

Interesa subrayar de este párrafo la última parte en donde el autor, demasiado optimista acerca de la universalidad del juicio estético en mi opinión, intenta explicar la pluralidad efectiva de valoraciones estéticas a través de dos elementos: en primer lugar, una mayor sensibilidad natural que explicaría porqué existen personas tendentes a ciertos placeres estéticos (una persona con un oído más fino, v. gr., disfrutaría con mayor sutileza de la música) frente a otros más insensibles a los mismos placeres; y en segundo lugar, "una atención más cercana y larga" que hace referencia a la formación, o eventualmente como admite Burke deformación, del gusto a través de múltiples medios como la costumbre o, sobre todo, la educación de la sensibilidad.

Tras este estudio preliminar en donde Burke concluye la universalidad del juicio del gusto el autor se propone analizar los sentimientos estéticos, especialmente los sentimientos de lo bello y de lo sublime en cinco capítulos. El tema del primer capítulo es el análisis de los sentimientos fundamentales para el gusto estético: placer, dolor, deleite... y sus orígenes que están, a juicio de Burke, en la sociedad y en el deseo de la autoconservación. Más adelante, en este mismo capítulo, define superficialmente los sentimientos estéticos de lo bello y de lo sublime.

En el capítulo segundo se trata el sentimiento de lo sublime, así como en el tercero se analiza el de lo bello. En el capítulo cuarto Burke explica sus razones, que él mismo admite que son meras hipótesis aunque sólidamente fundadas, por las que lo bello nos place y lo sublime nos deleita. Acaba el libro con el quinto capítulo en donde se trata de la poesía y de sus modos, maneras y razones por las que genera sentimientos estéticos.

Un agradable libro de estética, imprescindible para entender las reflexiones sobre lo bello y lo sublime que se elaboran desde finales del XVIII hasta gran parte del XIX y que a mi juicio tienen interés aún en la actualidad. Tanto es así que en cinco post subsiguientes resumiré y comentaré capítulo por capítulo esta influyente obra del autor irlandés.